Todas las tiendas online se parecen: una cuadrícula de fotos, un filtro a la izquierda y un carrito arriba a la derecha. Funciona, pero no se parece en nada a comprar.
En un mercado de verdad caminas, giras la cabeza, ves un puesto de reojo y te acercas. Esa es la sensación que buscábamos: un pasillo por el que se avanza, cinco puestos y, en cada uno, lo que hay dentro.
Detrás no hay magia: las etiquetas que ves sobre el vídeo son HTML normal y corriente, enlaces de verdad. Se pueden pinchar, las lee un buscador y las lee un lector de pantalla. Si estuvieran dentro del vídeo serían solo píxeles bonitos.
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