Una respuesta honesta
Si tu idea no tiene recorrido te lo decimos en la primera conversación, no después de tres meses de facturas.

Un laboratorio donde se piensa el objeto que debería existir y no existe. Y, justo detrás, la fábrica que lo convierte en unidades de verdad.
Alguien mira algo que lleva ahí toda la vida y se pregunta por qué funciona así. Esa pregunta, la mayoría de las veces, no lleva a ningún sitio. Pero cuando lleva, hay que saber qué hacer con ella: protegerla, dibujarla, fabricarla y ponerla a la venta.
Eso es Genérica Creación. No inventamos por inventar: convertimos la pregunta en un objeto con medidas, con patente y con un precio por unidad.

Una idea de producto no vale nada hasta que alguien la pone a prueba. La primera pregunta nunca es «¿mola?», sino «¿quién lo va a usar y cuánto cuesta hacerlo?».
Edu es inventor y socio. Su trabajo es encontrar el hueco: el objeto que debería existir y no existe, o el que existe y está mal resuelto. De ahí sale un boceto, y del boceto una patente.
No inventamos por inventar. Una idea entra en el laboratorio cuando se le ve el recorrido entero: quién la va a usar, cómo se fabrica y cómo llega hasta él. Con esas tres respuestas, la mitad de lo que entra se cae la primera semana — y esa es justamente la parte barata de equivocarse.
La botella del vídeo no es un ejemplo escogido al azar: es lo que pasa cuando una idea se convierte en un objeto con medidas, materiales y coste. Aquí es donde se cae la mayoría, y está bien que se caiga aquí y no en la fábrica.
Equivocarse en un prototipo cuesta una tarde. Equivocarse en una serie de mil unidades cuesta el año. Por eso no se salta este paso ni cuando la idea parece obvia.
Genérica Producción es la parte de Creación que se encarga de que el prototipo se convierta en unidades: cadena de montaje, control, embalaje. El mismo equipo que pensó el producto sabe cómo se monta y cuánto ocupa en un contenedor.
Esa continuidad es la ventaja. El que diseña ya sabe quién lo va a transportar, y el embalaje se piensa para aprovechar el contenedor en vez de para que quepa a duras penas.
Fabricar una unidad y fabricar mil no se parecen en nada. Cambia el molde, cambia el proveedor, cambia el embalaje y, sobre todo, cambia lo que cuesta cada pieza.
Es el paso donde una idea que funcionaba en el laboratorio se vuelve un negocio o se queda en una anécdota cara. Lo miramos antes de dar la orden, no después.
Acaba cuando alguien lo abre en su casa. Por eso el envío no es algo que se subcontrate al final: está en la conversación desde el primer boceto, y por eso lo que diseñamos cabe en la caja que lo va a llevar.
Cómo lo llevamosSi tu idea no tiene recorrido te lo decimos en la primera conversación, no después de tres meses de facturas.
El dibujo técnico y, si hay algo que proteger, la solicitud de patente a tu nombre.
Un objeto con medidas, materiales y coste, no un render bonito. Se puede tocar y se puede probar.
Lo que cuesta hacer una y lo que cuesta hacer mil. Son dos números muy distintos y los dos importan.
Cuéntanosla. Si tiene recorrido te lo decimos, y si no lo tiene, también.